⛄Balada del payaso triste

Verso libre
con el apoyo de algunos versos
de Federico García Lorca.

Senryu
.
Mueren los sueños
en los vasos de vino
nadan muy mal

Juan era valiente, quería luchar
para salir de la oscuridad
de sus noches muertas.
Juan era dueño del cielo,
de las estrellas y de sus sueños de boxeador.

Quería luchar
contra las agonizantes horas
de sus vómitos de madrugada
en la esquina de algún rancio bar.

Le vi, por última vez
perderse en los arcos de un horizonte
plagado de vasos de vino,
dejó su mar y su cielo,
a mí me regaló una estrella.

Le vi perderse
como una blanca y transparente paloma,
bañada en vasos de alcohol de taberna,
le vi tocar las campanas de la gloria,
vi la tristeza de los sueños rotos
en una manzana nueva
llena de gusanos viejos.

Le vi alejarse como una paloma
con las alas rotas,
como la felicidad
del niño que quería ser oso.

Juan tenía su propio mar
y un barco naufragando en él,
con la quilla afilada por el alcohol.
La nueva aurora llegó
disfrazada de payaso triste,
con un vaso de tinto en la mano.

Por el barrio paseaban gentes
sepultando con sus voces insomnes
la agonía de parras agonizantes
y vasos de turbio vino,
el horizonte poblado de buitres negros,
se llevaba en un saco, con el culo roto
los sueños del payaso triste
que quiso ser boxeador
y como en un naufragio de sangre
bañó sus guantes en alcohol
afilando la quilla que horadó su corazón.

Y la sombra escarlata, de los sueños de Juan
se perdió en el arco oscuro del horizonte,
sin sueños, sin auroras nuevas, sin mañanas,
tan solo eterna oscuridad,
donde solo se oye el tintinear,
de monedas de cobre, sobre una barra de cinc
apoyada en despojos humanos,
donde un tabernero, con la cara devorada,
vende vino a los borrachos
sin mañana ni esperanza.

No hay paraíso,
solo ciencias sin raíces
y huracanes de enjambres furiosos
pulverizando los rostros
de los que no supieron nadar
en hondos vasos de tinto,
de los que hicieron capa de su ignorancia,
construyendo castillos de arena
rodeados de fosos de vino
en cumbres de altas montañas.

Y Juan se fue con el payaso triste
que vino aquella madrugada,
cuando aún estaban los perros dormidos
y agrios los vómitos
de los borrachos en las aceras.

A Juan Morcillo

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