
Verso blanco
Ataúd
de negro, oscuro tapiz,
hecho en madera de pino,
sobre la tapa una cruz,
en el fondo yace un sueño,
de un aterrado color
y una expresión de misterio
elevando al cielo un llanto,
pidiendo una explicación.
A hombros se lo va llevando
camino del cementerio
el hacia atrás va mirando
¡atrás se quedan sus predios!
la rabia le va mordiendo
¡tanto que luchó por ellos,
para tener que dejarlos!
Ya le tiran paletadas
de tierra sobre la tapa,
y no se ve ya la cruz
que lucía en oro y grana.
Los hombres se van marchando
solo queda el cementerio,
el mira a su alrededor
solo ve llantos de sueños
y una fila de cipreses
cual pretorianos de guardia
que vigilan a los muertos.
Atrás se queda también
en dos cruces apoyada
la Muerte con su sonrisa,
con esa eterna sonrisa
que cuelga sobre sus labios
y entre susurros diciendo;
¡»si alguien quiere explicaciones,
pregunte al maestro armero
yo tan solo me limito
a dirigir el concierto
y cumplir lo que me mandan»!
