
Ayer le vi,
llevaba el sueño desgarrado.
Presto atendí,
sus angelicales despojos.
Lloré y lloré,
y sangraron mis labios rojos,
por el amor
en el arroyo, derrotado.
Y así pensé;
¡levántate!, ¡abre los ojos!
Si mueres tú,
¡todo, todo habrá terminado!
Sonetillo
Solo silencios espesos
en los labios indecisos
y no existen paraísos
para las bocas sin besos.
Se quedan sentires presos
por hacerse los omisos
y no atender los avisos
de miradas y embelesos.
Oscura es la soledad
al llegar a edad madura,
en la boca sequedad.
Sin conocer la ternura,
solo vacía oquedad
con atisbo de locura.
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Solo de incertidumbre,
llena de dudas,
vive la soledad,
y no hay amor,
en su desértica isla,
tiene en el alma,
sordo mar de rugidos,
el corazón,
torreón que se aísla,
es su silencio
océano de olvidos.