
De mis poemas con Ángel Blasco
Mirad el amanecer
miradlo negros y parias,
con los ojos heredados
de ojos que vieron brillar
el estallido del látigo,
con esos ojos rasgados
que… ni recuerdan los cantos
que ayudaban a llorar.
La Señora Libertad
ya pegó fuego a su antorcha
con las balas de algodón,
manchadas con sangre negra
de los muertos que no callan
en lúgubre procesión
por las aceras de Harlem,
que mudas los ven pasar
ante silencios que matan
la esperanza de volar.
Para buscar su cuchara
metieron sus manos negras
al fondo de las enaguas,
allí donde pintan sueños
estelas de luz del alba,
allí donde rompen hielos
los vientos de la esperanza.
Hundid todos vuestras barcas
en las húmedas esquinas
de callejones de Harlem
poblados de almas huecas
y de los gritos callados
de las cucharas errantes
que viven buscando bocas
ante silencios que arden.
Sacad cirios a la calle
y en alegre procesión
salga San Toro Sentado
patrón de aquellos que son
los eternos olvidados,
que no es tan solo un color
el que diferencia al blanco
entre los hijos de Dios.
Piden ayuda a los guardas
con sus cucharas de palo,
gritan a son los manteros
mirando a la libertad
que los mira desde lejos,
¡que mierda le importa a ella,
lo que le pase a los negros!
Se extendieron como velas
por el Hudson sus palabras,
marchitas como azucenas
que no quisieron ser blancas,
gritando a los cuatro vientos
pero tres ya no escuchaban.
“Ya los negros y los parias
nos hurtaron la cuchara”
¡Iban gritando los guardias!
«Dicen que ya se cansaron
de acercarse hasta la boca
tan solo sus negras manos
emblanquecidas de escarcha».
Moscardones de judíos,
tenderos y marineros
conserjes y policías,
desoyendo los consejos
de lesbianas y de gays
se acercaron al congreso
para pedir al poder
protegiese su cuchara.
Arremetieron armados
con la vara de prejuicios
contra los negros y parias
que faltando a sus principios
les robaban sus cucharas.
Qué se vayan a la luna
como enjambres de abejorros,
a la cara donde viven
los desarrapados y osos
que no conocieron mieles
ni soñaron con ser gordos.
También los podéis mandar
hasta el centro de la tierra
por la sima de un volcán.
O a las áridas fronteras
donde ya no crece el pan
solo alambradas de espino
que arañan el espaldar.
Enviad a todos los negros
y los parias en pateras,
que se vayan al Vietnam
o hasta El Congo o al Irán,
o allí donde las cucharas
se guardan en las vitrinas
envueltas en celofán.
Salve Dios Libertylandia,
tierra donde crece el pan
y está viendo sus cucharas
amenazadas por parias
que las pretenden robar
reclamando los derechos
que la vida no les da.
Tatuaos en vuestras espaldas
la palabra humanidad
por aquellos que se arrastran
por ríos de sangre y lava,
por los negros y los parias
que sin conocer cucharas
mueren por la libertad.
Ángel Blasco y Mercedes Bou Ibáñez.