
A la memoria de Don Don Alejandro O de León Soto
poeta mexicano
Qué grande se queda el hueco
del amigo que se fue!
inunda al pecho un silencio,
sin entender el porqué!
¡Qué mal la vida se porta
con quienes la tratan bien!
y poco a la muerte importan
las cosas a medio hacer!
Un amigo que se marcha
nos pinta de gris el cielo
y oscurece las miradas
que se pierden por el suelo.
Sin paseo ya la tarde,
¡qué solitaria se queda!
El banco de nuestro parque
se morirá de la pena.
Los ojos llenos de escarcha
al ver que levantas vuelos
y algo muy dentro del alma
se viste de negros duelos.
Llora el lucero del alba,
nos ha contado y falta uno,
coja se quedó la barra
le falta una flecha al yugo.
Arde en mí, fuego sin llama,
soy corazón sin consuelo,
mi voz al cielo le clama
y en la noche me desvelo.
Y como el poeta dijo;
otros nuevos nos vendrán
mas la esencia de ese amigo
otro no la borrará.
Pienso en la muerte ladrona,
vino a robarte los besos
y a nadie nunca perdona,
ella no entiende de sueños.
De un golpe te desmorona
hunde todos los proyectos,
esa muerte que ambiciona
ser la dueña de los versos.
Esa muerte que maldita
no quiere que los poetas
alcancen pronto la gloria
gozando su verso en tierra,
para de golpe la noria
y se los lleva con ella
para hacer memoria eterna.
Guardaré en cofre de oro
aquellas letras que un día
hicimos los dos a coro
despertando las sonrisas,
con unos lúcidos versos
demostrando la alegría
que siempre tuvo tu pluma.
Hasta siempre Poeta.