
De poemas melancólicos
Oigo rugir las paredes,
tiemblan por desolación,
echan de menos los gritos,
las riñas en el salón,
se acabó la algarabía,
¡el silencio es amo y señor!
¡Llora conmigo viejito!
Ya no huele a discusión
ya se marcharon los niños,
quedó la casa vacía,
¡solos quedamos tú y yo!
Miro al jardín y veo, ¡nada veo!
El caballito de cartón
despeinado y ojeroso
llora triste en el rincón,
besa el jazmín sus crines
le miman las azaleas,
una rosa perfumada
le acaricia el corvejón.
¡Llora caballito llora
como llora el alma mía!
¡llora conmigo llora
únete a mi dolor!
¡Quedó la casa vacía!
La Barbi gime en el suelo
lleva rota la esperanza
lleno de barro el cabello
sin mangas la camiseta
y en los ojos una balsa
de llanto por desbordar.
En su bolso mira y mira
mira pero no encuentra
una carta que le diga;
¿por qué se marchó la niña
sin venir a despedirla?
Llora mi Barbi linda
llora guapa muñequita,
únete al caballito,
a mi viejito y su candor,
¡hagamos del silencio canto
para engañar el dolor!
¡Hagamos risas del llanto!
¡Hagamos algarabía!
¡Qué no se entere la casa,
no se entere por favor,
que ya se quedó vacía!