
Verso blanco de métrica 8
pero no sigue un esquema especifico de rima.
Silencio espeso que alumbra
esa soledad latente
que invade los pensamientos
de aquel que sueña con ver
esos mundos que unos dicen
que florecen en los sueños,
de las almas que no rinden
al esfuerzo de crecer.
Esos mundos, que si existen
tienen cerrada la puerta
a corazones que nunca
aprendieron a soñar.
Esos mundos que de niños
aprendimos a querer
y que al pasar de los años
dejamos en el rincón
donde se pudren los sueños
que murieron sin saber
que solo la libertad
puede calmarnos la sed.
Esos mundos que perdimos
al no poder alcanzar
la llave para la puerta,
la que abre de par en par
los caminos que conducen
a ese mundo donde viven
las almas libres que quieren
aposentar en la tierra
la llama de la hermandad.
¡Qué todos somos hermanos,
con derecho al mismo pan!
Qué nadie tiene el porqué
a decir; ¡La tierra es mía!
Y quitarle a los demás
ese placer tan sagrado
de trotar en libertad
por todo lo ancho del mundo
que de nadie es propiedad.
¡Busquemos todos la llave,
que abrirá los corazones
al principio de equidad!
¡Qué todos somos hermanos,
nacidos del padre Adán!
Acaben ya los silencios,
encuentre el mundo la paz,
con el amor por bandera
y su emblema la bondad.
¡Despierten ya corazones
al grito que ha de salvar
a toda el alma que sufre
por falta de humanidad!