
Quise ser libre
y vendí los zapatos
mío el camino
Vida, esclavitud,
hombres que van descalzos
por el sendero de la vida,
¡Oh de la muerte!
¡Quién sabe!
Rostros de muda expresión,
facciones oscuras y grises
luchando a golpes con la muerte,
sin conocer días felices,
siempre esclavos del dolor
que pesa sobre su frente.
Se aferran con rabia al arado
manos callosas y fuertes
con nervios como los juncos
pero ya no se labran surcos
donde la vida florece.
Todos vamos descalzos
con las cadenas al hombro,
los pies arrastrando en la arena,
a cada paso que damos
amargo chirriar de cadenas.
Látigos surcando al viento,
miradas cargadas de odio,
solo queda el sentimiento
de nunca llegar al podio,
¡sin morir en el intento!
En el rostro llevan la pena
los condenados a muerte
en esta vida de mierda,
por culpa del indecente
que lleva al mundo a la quiebra.