Melancolía


Estoy sentada en el bar
y tú en la mesa de al lado,
mis ojos ya no ven cielos
en esos ojos que antaño
soñaban con mares nuevos
y hoy por la vida cegados
ni de lágrimas disponen
para llorar el pasado,
que se perdió en la neblina
de una tarde frente al mar.

Brillan esos ojos negros
perdidos en la marisma,
donde se hundieron los sueños
de una juventud con prisas,
que vivió siempre engañada
presa de la fantasía
por ese miedo a perder
las mieles que da la vida
a quien la sabe vivir
sin miedo a sus tropelías.

Hoy ya volaron los años
y con ellos la utopía,
hoy solo miras el mundo
como una burda mentira,
como esa flor que te araña
sin respeto a tu caricia.
Que la vida te engañó
con su falsa hipocresía
invitándote a volar
sin red para la caída.

¿En qué piensas? me pregunto
cuando al horizonte miras?
¿Acaso quizás recuerdas,
las trenzas de aquella niña?
La de inmaculada cara
que alegró tus tiernos días
cuando los sueños volaban
con vientos de picardía
de la juventud temprana
que sueña gozar la vida.

¿Y qué habrá sido de ella?
Dos lágrimas quieren huir
rodando por tus mejillas,
pero ni fuerzas te quedan,
se ahogaron en el pozo
donde se ahogan las vidas
que no supieron flotar.
Ni llorar puedes mi viejo,
que ni llanto ya te queda
en tu parca soledad.

Ahora en tu corazón
los recuerdos se amontonan
atacando con malicia,
disfrutan con el dolor
que ocasionan en tu vida,
se gozan con el tormento
al ver a tu alma rendida
por haber vivido siempre
en esa eterna mentira
que aprendemos con la edad
cuando ya nos ha vencido.

Llora viejo, llora y rabia,
lanza tu grito al mar,
por tanto tiempo perdido
sin atreverte a luchar.
El llanto es la medicina
que no te habrá de sanar
pero las penas alivia
y es bueno para olvidar
que fuimos unos cobardes
por el miedo a fracasar.

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