El abuelo

Encallecidas las manos,
los surcos pueblan su frente
sin un sueño que le aliente.
Al ocaso ya enturbiada
se dirige su mirada,
ante un silencio callado
que le recuerda el pasado
de una vida resignada.

Añora su juventud
no justamente de flores
más bien penas y dolores.
Recuerda como un clamor
cuando aun existía ardor
en su cielo de pasiones
y hubo un par de corazones
peleando por su amor.

Se pregunta ¿fui feliz?
Y no sabe la respuesta,
¡si la sabe, no contesta!
Fue su vida un duro tajo,
vida de duro trabajo
para llenarse la cesta
sin alzar mucho la cresta
y sin tiempo pa´l relajo.

Así la pasó mi abuelo
como tanto y tanto pobre,
peleando por el cobre.
Sin tiempo para alegrías
no hubo rosas en sus días,
siempre salvando su nombre
aguantando vivió el hombre
del patrón sus tropelías.

Veo en mí su fiel retrato,
si miro a mi alrededor
es todo de igual color.
Y no cambiará la cosa
no hay vida color de rosa,
el rico sigue a lo suyo
y el que nació pa´ capullo
nunca será mariposa.

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