El silencio de los borregos


Vivimos, falsa ilusión,
solo hacia la muerte vamos
y es la vida una ficción
si solo placer buscamos.
.
Solo vale la pasión
cuando hacia el amor guiamos
nuestros pasos con tesón
y nunca nos olvidamos
sembrar con el corazón
el camino que pisamos.
.
Somos las fugaces sombras
de ya pasados recuerdos
en el río revuelto de la vida,
luchando por renacer
como Fénix tras la niebla.
.
Y nos vamos revolcando
con impulsos sin mesura
en el torbellino de la danza
de un tétrico errante vacilar,
cayendo en la negra sima
donde se pudren las almas.
.
Sobre la sangrante herida abierta
de una humanidad desvencijada,
traspasaron la sagrada puerta
huracanes con la sangre alborotada,
junto a una esperanza ya muerta
y la pálida ilusión, amortajada.
.
Mudo el horror, ciego el desvarío,
cubrimos el alma con un velo,
ante el mar de sangre que azota
un sepulcro impenetrable y frío.
Y ya hasta Dios huyó del cielo,
¡qué tanto trabajar le agota!
.
Vivimos un siglo desdichado,
el veinte fue un cambalache,
este un loco desenfreno
a falta de un sólido remache
a tanto cerebro desquiciado
que nos ha hundido en el cieno.
.
Ya no hay donde mirar, solo al abismo,
todo cruje, todo tiembla y se desploma,
se perdió en la soledad la calma,
huele el miedo a furor de cataclismo,
soporífero clamor que desmorona
lo poco bueno que tenga el alma.
.
La humana humillación se adhiere
con la constancia infame de la fiera,
convencida de cumplir con su destino
que gozándolo en su maldad muere,
sin importar los sueños que vulnera,
sesgando de cuajo, a la vida su camino.
.
La muchedumbre el puñal afila,
¿quién detendrá esta carrera?
miro al cielo y lo veo vacío,
las hordas bárbaras de Atíla
se adueñaron de la esfera.
Tiembla de miedo hasta el rocío.
.
Caminamos ya sin luz ni guía,
salvajes instintos desbordados,
rugidos de volcán que estalla.
Se alza victoriosa la anarquía
amargos llantos por doquier desolados
ante un mundo que insensible calla…

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