La Libertad

Sextillas asonantadas

En el lejano horizonte
se divisa una carrasca
cabalgando sobre un cerro,
a su lado corre un hombre
llevando sobre su espalda
un zurrón de cuero negro.

Hierve la sangre en sus venas,
vaga perdido en el tiempo,
plátanos sin gabardina
gimotean en la sierra,
lágrimas de regomello
chorrean por sus mejillas.

Mientras corre el hombre grita
con quejido lastimero,
diciendo que va buscando
a la libertad perdida,
van sus ojos desde el suelo
hasta el monte del Parnaso.

Quiere si puede encontrarla
guardársela en el zurrón
y mantenerla bien lejos
de buitres de lenguas largas,
esos que gritan amor
pero prohíben los sueños.

Y se la encontró tendida
llorando bajo una higuera,
la consolaba un macaco
primo de la mona Chita.
A mí me dio mucha pena
al ver a los dos llorando.

Vente Libertad conmigo,
pude oír que le decía,
y en mi zurrón estarás
a salvo de tantos pillos
que quieren verte perdida
para ellos poder medrar.

De repente se oyó un tiro
y el hombre patas arriba
sobre la yerba cayó,
la amapola dio un respingo,
el trigo perdió la espiga
y el cielo mudó el color.

La Libertad no es pa´l pobre,
el pistolero gritó,
téngalo siempre bien claro
y que nadie se me asombre,
que la Libertad señor
es sólo pa´l hacendado.

Atento a la moraleja;
Será esclavo siempre el pobre
del sudor y del trabajo,
por mucho que le prometan
esos que dicen que vote
para conseguir su escaño.

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