La casa vieja

Ayer pasé por la puerta
de aquella que fue mi casa,
sus ventanas como ojos
las vi que lagrimeaban.

La puerta de hierro viejo
me dirigió una mirada,
al naranjo del jardín
le vi como una naranja
soltó un destello de luz
que me dio un beso en la cara.
.
La casa de mi niñez
con sus paredes pintadas
con su inmaculado blanco,
y hoy pintada con las marcas
del tiempo que no perdona
ni a los hombres ni a las casas
estaba enfrente de mí
y sin reprocharme nada.
.
Las macetas del balcón
vacías, secas sin agua
dieron saltos de alegría,
vi como se emocionaban
y una lágrima escapó
por debajo de mis gafas.
.
Gran cantidad de recuerdos
me vinieron a mansalva
y un amargo sentimiento
al ver cuán abandonada
y sumida en el dolor
estaba mi vieja casa.
.
Quise pedirle perdón,
la vergüenza me embargaba
y ella con una sonrisa;
-tranquila que nada pasa,
sólo con verte de nuevo
ya me siento bien pagada-.
.
Al oírla comprendí
que el perdón al alma sana.
Si hasta las casas perdonan
haber sido abandonadas
cómo no perdonar yo
que te fuiste un día al alba
y me quedé triste y sola
como se quedó mi casa
y si ella a mí me perdona
también mi perdón te alcanza
si puedo verte de nuevo
a través de la ventana
con tu porte tan gallardo
paseando por la plaza.

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