No quiero que pases frío

No quiero que pases frío
.
Me excita tu mirada que vigila,
cuando ve que mi boca va directa
a sofocar el calor que me inyecta
el vaivén de tu pecho que encandila.
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Mis manos sudorosas no vacilan
mientras mi boca busca la perfecta
manera de llegar y más correcta
a ese par de pezones que titilan.
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No quisiera mi amor que pases frío,
pondré sobre tu pecho un leño ardiente
capaz de calentar hasta el rocío.
.
Te daré, por salvarte del relente,
un chorro que saldrá con poderío,
de savia de mi cuerpo, bien caliente.

Aún soñaba caballitos de cartón

.
A todos los niños soldados, muertos en todas las guerras,
defendiendo orgullos ajenos.
.
Fusil al pecho
inocencias perdidas
los sueños rotos
.
Aún soñaba…
con los tanques de cartón
del tiovivo de la feria,
con los dulces de algodón
y helados de nata y fresa,
aún llevaba el dulzor
de los besos de su abuela.
.
Aún soñaba…
con esos duendes que bailan
del brazo de brujas nuevas,
que tras la luna se esconden
alrededor de la hoguera,
donde se cuecen los sueños
de todas las almas tiernas.
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Aún soñaba…
caballitos de madera
con las crines plateadas
y las orejas bien llenas
de los fangos de la calle
en los días sin escuela.
.
Aún soñaba…
con volar hasta la luna
a recoger las estrellas
de su cara más oscura,
bañarlas en caramelo
y entregarles la frescura
de su corazón tan tierno.
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Mas se perdieron…
los sueños de niño grande,
de mano de los orgullos
de una gran bestia salvaje,
que disfrazada de patria,
se le comió el chocolate.
.
Ya se perdieron…
las ilusiones bordadas
en los paños de ceniza,
que duran hasta que pasa,
silbando por las orejas
el soplo de alguna bala.
.
Ya se secaron…
los rosetas de su cara,
se tornaron color hiel
al ser de golpe arañadas
por orgullos de papel
que los alambres separan.
.
Ya le enseñaron…
a despreciar a la gente
que no llegó a conocer,
pesa ya sobre su frente
el estigma del poder,
que metió el odio en su mente
haciéndole enloquecer.
.
Y los duendes de la hoguera
disfrazados de soldados
dejaron de cocer besos
y fueron sembrando cruces
para sueños que no crecen
y niños que ya no sueñan.
.
El caballo de madera
puso rumbo hacia otros vientos
con el barro en las orejas,
en busca de un mundo nuevo
donde los niños crecieran
sin que les roben el sueño,
quienes siembran las cadenas
y las riegan con la sangre
de criaturas indefensas.
.
Y el caballito se fue
en busca de nuevas tierras,
unas donde no existieran
orgullos llamados patrias
ni dioses buenos o malos
ni fronteras ni alambradas
que arañan las rosas frescas
que lleva un niño en la cara.