Soneto hexadecasílabo con estrambote erótico a doble rima.
De cuentos de la Gertrudis
Se fue la melancolía, ya mi corazón abreva, dejando que mi alma beba, en donde mana el placer, en el mar de tu alegría, que mi esperanza renueva. En la noche mi alma eleva, disfrutando tu querer.
Tanto amor no ha de caber, en esta mi humilde cueva, quiero comerme esa breva, con delirio y buen hacer, sin dejar gota perder, en mi boca cuando nieva, que a la locura me lleva, el gozar de su placer.
Al verte mi piel llamea, me va subiendo el rubor, por las ingles un calor, hasta el chichi parpadea, el ambiente se caldea y… ¡a por ella, sin pudor!
Que bonito es el amor, cuando sincero se crea, no existe palabra fea para hablar de su candor, se llena el alma de ardor si de amor se rumorea.
Quien de amor bien se provea aunque vea el fuego arder, gozará bien y sin duda de comer la carne cruda, deleitándose a placer.
Metiéndome estaba un vino entre mi pecho y la espalda, cuando un burro sin albarda sin saber ni como vino a entorpecer mi camino. Empezó a gritar así; ¡aparta viejo de aquí! ¡lárgate para el asilo! o conocerás el filo, de mi vieja «serdañí»
¿Y cómo osáis malandrín, sin más el llamarme viejo? ¡he de arrancarte el pellejo por bellaco y por ruín!
No da la vejez el año, siempre hay ganas de vivir mientras no le cese el fluir a eso que parece un caño.
No me faltes al respeto y más viejo no me llames, o haré que al cielo le clames del tortazo que te meto.
Siempre al remo de mi barca, crucé por todos los mares, las hostias repartí a pares nunca le temí a la Parca.
Y no ha de ser un mozuelo, quien de mis barbas se ría, ¡vieja lo será tu tía! y el baranda de tu abuelo.
Lo joven va con el alma, aunque se arrugue la piel, yo soy un tierno jurel, que todavía lo empalma.
Cese aquí la discusión o te cambiará el careto, con el hostión que te meto por capullo y por mamón.
Anda ya, coge el chupete y directo p´a la escuela, ¡espabila mozalbete que no te salva tu abuela! Vete ya pronto de aquí, o te convierto en un siete.
Basado en el poema Grito hacia Roma de Federico García Lorca.
Predique paz, quien quiera evitar guerras. Y si no, calle.
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Veo al hombre que viste blanco manto, asomado a la ventana del mundo, predicando paz, sin oír el llanto, del ingente lamento nauseabundo. Intentando llegar a lo profundo de almas en su ceguera siempre inmersas ávidas de escuchar falsas promesas que rellenen en su mente el vacío cual gotas refrescantes de rocío, que llenen de frescor sus mentes presas.
Abre al mundo su ventana y apoyado en el alféizar habla y habla y no se para, la lengua tiene bien presta habla mucho.. nunca calla. el hablar muy poco cuesta, sale la cosa barata si pagan otros la fiesta.
Habla mucho de las guerras y como quien no sabe nada de vez en cuando recuerda, con una voz que amilana que el hambre sobre la tierra debemos ya desterrarla pero él que tiene las perras el bolsillo no se rasca.
Hablar sale más a cuenta y cuando en la paz recala dice que debe ser buena, pienso yo a manera vana, que eso muy bien no suena sin conocer la palabra, porque si en la paz creyera, ¿a qué tanto guardaespaldas?
Y el hombre vestido de blanco predicará amor entre columnas de miseria, hambre, miedo, dolor y muerte, entre gentes que lloran llantos terribles cegados a la esperanza.
Nadie queda ya, para repartir los peces, nadie cultiva el amor y los sueños ya no crecen, tan solo el miedo brota de la boca de los muertos.
Debajo de las columnas no vive el amor, el amor está en las espaldas desgarradas, de los niños que sufren el látigo en sus espaldas, en los pulmones destrozados por las minas de carbón, el amor está en la celda, donde lucha el preso contra el ansia, el amor está en el mar, que mece las almas puras de quienes perdieron la ruta que llevaba a la esperanza. El amor está en las casas de barro y tablas que luchan contra el progreso en el medio de la nada.
Y el hombre vestido de blanco, desde unas columnas de mármol, !gritará amor, amor, amor, amor! aclamado por millones de seres que desconocen la palabra. ¡gritará paz, paz, paz, paz, paz! rodeado de títeres armados con pistolas para salvar sus propias almas, gritará amor, hasta que enronquezca su garganta y sus ojos se llenen de lágrimas dibujadas.
¿Por qué, qué sabe el hombre vestido de blanco, del dolor de una parturienta, o de la muerte por el hambre,del sudor y del trabajo? ¿o de los niños que mueren con el rostro pegado a la culata de un fusil?
¿Qué sabe el hombre de blanco? de los hombres que tiemblan a la mirada del amo, o de las mujeres que lloran escondidas bajo un manto o de los niños que escupen carbones machacados.
¿Sabrá el hombre de blanco? él que tanto predica, ¿sabrá lo que significa, el vivir sin tener casa?
¡Acaso Cristo pueda dar luz todavía! pero ¿que sabrá de eso? el hombre vestido de blanco.
Desde el respeto a que cada uno es libre de pensar y creer en lo que quiera, pero recordando que si alguien tiene un amigo imaginario, !le llaman loco! Cuando son millones de personas quienes tienen un amigo imaginario, ¡A eso le llaman religión!
Que arenguen estas palabras y arañen bien en las mentes, creo que vacías y huecas de todas aquellas gentes que cuando las cosas se ponen mal, le piden ayuda a su Dios y ponen velas a sus santos, ¡Gritando a golpe de pecho, Dios mío, dios mío ayúdame!
¿Y por qué sacra razón, creen que ese Dios les ha de ayudar? ¿»Por guapos o por buenos»? ¡Si no le ayudó a esa niña, violada y asesinada por un psicópata! ¿Por qué razón, les ha de ayudar a ellos?
Si no ayuda a esos niños que mueren a golpe del látigo del hambre sobre sus panzas, ni a esos niños, que mueren en las playas huyendo de las miserias que generan los que mandan. ¡¿Por qué les va a ayudar a ellos?!
Es muy fácil hablar de Dios viviendo en una sociedad regalada, llena de paz y bienestar social, pensando que todo eso lo tienen por ser unos buenos creyentes, buenas personas y buenos humanos y recibir de su Dios la recompensa.
Ese Dios no existe, en los barrios marginales, ni en los suburbios, ni en los campos de refugiados, donde luchan las tripas contra el hambre.
Una cruz, tan solo es un trozo de madera, de la misma madera, con la que hicieron el pesebre de mi burra.
Un profeta, quizás tan solo fue un vividor de su época, una virgen y un santo tan solo un montón de yeso, del mismo que enyesaron las paredes de mi casa.
A veces soy yo quien se pregunta: Si existe ese Dios, ¿Creerá él en mí? ¿Y por qué se esconde tanto?
Chismes de manzanas, no ni de culebras que hablan ni de originales pecados que insultan a mi razón con sus cuentos inventados.
Ganas tan solo tengo de gozar en tierra la vida que esta no sea perdida, disfrutar las glorias terrenales y dejarme de tanto cuento de promesas celestiales.
Ahora tan solo quiero dar gusto a este cuerpazo que han de comer los gusanos y antes de que eso ocurra lo disfruten los cristianos.
Fuego es, cuerpo de mujer ardiente, templado rayo, un mágico halo de luna del amor su mejor salmo, estrella que se desliza en la matutina aurora de un rosa, callado sueño con sabor a mes de mayo.
Soy libre como ese árbol, que puede extender sus brazos, todo lo largos que son, mas puede guiar sus pasos, ¡alguien por él los midió!
¡Ay! árbol de verdes manos, ¡cuánto dieras por volar! Clamas al cielo favor que te permita soñar. Vives como vil gusano, en tu propia sepultura, naciste siendo cadáver, vives donde morirás, al enterrar tus raíces perdiste tu libertad.
Miras con fugaz envidia esas nubes al pasar, esos blancos algodones que no cejan de volar, ellos son libres hermano, al morir, buscan lugar, van, vienen, vienen y van, y en un acto de bondad, lanzan sobre ti las lágrimas que alivian tu soledad.
Te harás grande, crecerás, y mirando ese horizonte, ese que no alcanzarás vendrá a tus ojos el llanto implorando libertad. pero los muertos no vuelan, ¡tú naciste muerto ya! Solo el viento por amigo, de vez en cuando el zagal que viene a robarte nidos y tu amiga soledad.
Árbol, en el cerro varado, su mirada eterno llanto de quién sueña con volar. Le pasan las estaciones, anclado sobre sus pies, mientras oye el lindo trino de los libres pajarillos, que buscan cobijo en él.
¿Y quién le podrá entender? ¿Quién gritará sus razones? Solo el viento que acaricia, sus ramas de madrugada, solo el sol que lo calienta, en fría tarde de invierno, la tierra que le alimenta, y a la lluvia que refresca el ansia de libertad, ¡el ansia con la que sueña!
El día que yo me vaya será fiesta nacional, de luz vestirá el portal y habrá coktail de papaya. ¡Por fin se largó la paya y se fueron los vampiros! ¡Ya se acabaron los tiros vivamos el gran festejo! ¡Se oirán de Portal Bermejo desde lejos los suspiros!
Ya llegó al portal el juicio, ya se puede respirar, ahora pueden soñar, ¡por fin se acabó el suplicio! Escriban ya sin prejuicio, sea libre o bien rimar o lo que venga a lugar, que ahora ya todo es bueno, comenten a voz de trueno que nadie se va a mofar.
¡Por fin podré ser poeta, gritaran todos al viento! Por fin acabó el tormento de esa pájara indiscreta que solo hacia la puñeta presumiendo de doctora y es solo una vieja lora amargándonos la vida con sus aires de sabida. ¡No vuelva nunca señora!
Seguiré con mis cantares cantándole al sueño eterno del amanecer del mundo, volveré a creer, de nuevo, con profundo sentimiento que sí es algo más la vida, que no es tan solo el vivir en una absurda mentira.
Vivo un ciego desvarío, veo las almas con velo, impenetrable y muy frío, disfrazando la verdad con frases que den abrigo a las almas desvalidas, sedientas por la ilusión de tener muchos amigos.
¡Dímelo tú, padre Viento! ¿A donde fue mi ilusión? ¿En qué perdido momento, porqué fingida razón me fue arrebatado el sueño, que forjé con tanto amor?
Crecí a besos con el tiempo, nunca me faltó el calor y nunca me sentí preso, nunca me faltó el candor de una madre y de su beso.
¿Quién trajo hasta mi estos cuentos, envueltos en jovial manto? Supuesta felicidad, que hoy solo ocasiona llanto. Se aspiró todos mis vientos robando mi libertad.
Ahora me siento preso, mi paso perdió el andar, perdí de mi madre el beso, mi sueño se fue a otro mar, en mi alma solo un gran peso, mis ojos, solo el llorar.
¿Cuándo fue? Dí padre Viento, ¿Cuándo? Dime tú y porqué, quiero saber tu verdad, en que perdido momento llegaron a mi estos fuegos quemando mi libertad, matando en mi alma el soñar, robando al ansia, ¡el volar!
¡Ayúdame padre Viento aparta de mi estos soplos de fingida libertad!
Creí encontrar el amor pero vi que el amor no era, era una vana ilusión, una fingida quimera, algo que nunca pasó una oscura primavera, un roto en el corazón, solo una brisa ligera.
Amores que se ensañaron en la geometría de mis venas al despertar de mis ansias, tirando con furor de las cadenas rompieron las fuertes vigas y dejaron vacías las almenas donde guardaba el amor, ahora en soledad, pasto de hienas.
Y ahí murió la utopía con ella todos mis sueños, vanos, sin luz y sin guía ya solo suspiros hueros, y me invade la anarquía, con mis sentidos maltrechos no distingo noche y día las gentes… solo muñecos.
Sola entre cuatro paredes, viendo pasar los días con tristeza, sin ganas ya de vivir, siento dentro de mí, solo pereza, ya perdida la ilusión abandonó mi voz toda firmeza solo la muerte deseo, ¡no quiero, levantar más la cabeza!