Guasas a buenas horas, rencores arcaicos, fotones a propósito de periodismos esbeltos, sin respuestas para el llanto de los niños, estaciones y bocadillos sudorosos perdiéndose por las esquinas de un descerebrado mundo.
Sendas caballerías a despecho de los núcleos, de los discos alados de los calcos malos.
Nació para la lucha la estatua de los vientos, bajo los párpados entre los cabellos luce la mancha sangrienta del hambre que no calla.
Gracias a la prensa de los descubiertos vive feliz el bruto que en los verdes campos, detrás de las llamaradas graba castaños furiosos y kilos de mierda caen sobre sus hombros en compensación a los cargos minuciosos de quienes viven con los cerebros muertos.
Vuelan jamones e impresos dichosos, por un amor que me ha dejado con los brazos caídos, yugulares enrojecidas en cuellos de verde cutis y críos llorando con los sueños descosidos en los llanos.
Que tengo yo de Sevilla como un recuerdo muy vago, pues un día muy aciago me partí la cabecilla. Quedé empotrada en la silla por culpa de un accidente y aún tengo bien presente a aquel Virgen del Rocío, hospital de gran tronío donde salvaron mi vida que ya la daban perdida mis hijos y mi marío.
León, Quiroga y Quintero y un vaso de manzanilla, ¡Ay, por Dios, ¡qué maravilla! Cuanta copla, arte y salero. Sevilla en el mundo entero ya saben de tu alegría, allí me jugué la vía por un golpe traicionero y me salvó el gran esmero de tu gente y su valía.
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Romance mal hecho
En ya mi agónico trance hoy me propuse el hacer, un romance muy mal hecho con versos sin flor ni miel, sin el respeto a las rimas que el romance ha de tener, así que opine cualquiera que romance no ha de ser, pero ya tan solo busco aliviar mi padecer contando al viento las penas que amargan mi atardecer.
Siempre que me siento sola me entran ganas de leer, y pensar al mismo tiempo en las cosas del ayer, en todas aquellas cosas que olvidé en el neceser donde se mueren los sueños que no pudieron crecer.
Me levanto en las mañanas de mis noches mal dormidas, sin saber, ¡por Dios! ¿Quien soy? La del espejo me mira diciéndome que soy yo, pero le digo; ¡es mentira, en esos ojos no hay luz! ¡Esa mirada no es mía!
A mi mente se revienen versos del poeta aquel que cantó a las golondrinas de universos de papel y por creer sus palabras eché mi vida a perder.
Bécquer siempre me decía; Volverán las golondrinas. ¿A quién quería engañar? Cuando en sus versos me dijo; “Las golondrinas mujer por siempre vuelven al nido aquel que las vio nacer” y un recuerdo me atosiga, mas ya no puedo otra vez gozar de los viejos tiempos que disfruté en la niñez.
Mis golondrinas no vuelven, como Bécquer prometía a su nido año tras año. ¿Acaso Bécquer mentía por mitigar mi dolor? ¡Nunca le debí leer! ¡Ay, madre, que desengaño, por confiarme tanto en él!
¡Ay, si pudieran volver, los sueños que tuve antaño cabalgando por mi piel! Cuando el brillo de mis ojos daba su luz al clavel sin temor a desengaños ni a “te quieros” de oropel.
Hasta en mi silla las ruedas se niegan a caminar, ¿Y para qué? Me preguntan, ¡si no sabes donde vas! Tiempo ha perdiste el norte, hasta perdiste el hablar, por eso ni gritar puedes ni fuerzas te quedan ya. Y no lo intentes por señas que ellas tampoco ya están, tus golondrinas se fueron por tu afición al pedal.
Por eso no volverán las golondrinas del poeta, ¡no te pueden escuchar! Y las tuyas se perdieron, ya se quedaron atrás, anidaron en la curva que llegó sin avisar.
Busqué en la noche mi aliada, la Luna me miraba de reojo, las estrellas se reunieron en consejo, ¿que querrá la «valensiana»? ¡Como un murmullo recorrió el universo!
¿Querrá cabalgar al viento, como hizo de zagala?
Los arcanos de los sueños de juventudes pasadas, atraparon mi sonrisa y en la barca de Caronte, la empujaron al infierno, recordándome atrevidos que perdí mis años tiernos persiguiendo una utopía que se comieron los perros.
¡De nada sirvió la lucha! El mundo sigue en las manos de cachorros del tirano, el mundo sigue teniendo su cara de demacrado.
Hay pavor en mis ojos, que nunca supieron de miedos, pido socorro a la noche, ya me fallan las fuerzas, que lástima no tuviera ¡otra vez mis veinte años!
Observo a mi alrededor y veo las mismas cosas, quisiera otra vez luchar, pero fuerzas ya no quedan, ni lágrimas en los ojos, ¡ni las lágrimas ya brotan! Se quedó seca la fuente, la Injusticia erguida y ufana lavó en ella su manto, de mis lágrimas de antaño, ¡ya no queda ni rastro!
El mundo baraja los sueños, pero ya no queda nadie, para repartir las cartas.
De los dioses conocidos, nadie sabe sus andanzas, busca el mundo en su locura nuevos dioses que templen y sepan pintar de verde los desollados caminos donde habitó la esperanza.
Pero veo una luz que brilla cuando me fijo en mis nietas, y vuelve aquella sonrisa, porque me quedo pensando; «Cagüen deu, fan cara de valensianetas»
nota: fan es hacen, pero en este caso se interpreta cono tienen y el «cagüen deu» es «me cago en diez» como se decía en la comunidad Valenciana en época de la dictadura.
Poemas que arañan vampiros de toros y bodas. !Que vengan vampiros colgados de la barrera! A leer nuestras letras llenas de toros y bodas. Pondremos al toro una alegre corona de flores y peinaremos su cola para la fiesta.
Vestiremos a la novia de luna entre alegres mugidos de miel de una vaca. !Que vengan vampiros colgados de la barrera! Están invitados a la fiesta y a la boda. Habrá toros que bailen en el banquete llevados de su potente paso viril entre aplausos de los comensales.
Se brindará como vampiros, con un cuerno de vino rojizo de sabor a la sangre pidiendo por la vida eterna de los casados.
Los poetas en su rincón, hablaran de tragedias y penas que han de llegar. El novio, la novia, el toro y resto, brindaran por el ingenio de sus poemas. . Las madres brincarán de alegría ese gran día, contemplando a sus hijos allí tumbados , haciéndose promesas perpetuas entre platos de plata a rebosar de carne recién abierta.
Gritando a los vampiros de las barreras: !Que vengan, que vengan más vampiros colgados de la barrera! Hoy es un día de gran fiesta.
Ángel Blasco
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Sangraran mis labios, hartos de pronunciar palabras que ya no arañan, sangrarán como sangran los tomates en la huerta, al ver la acequia vacía, sangrarán como sangraran las cañas cuando no te vean llegar, como sangran los sueños de quienes cambian verduras por algo de libertad.
Como sangran los heridos por las astas de la vida, sangrarán por todos aquellos, que no escuchan las campanas, y si las escuchan callan, a nadie importan los muertos si no dormían en la casa.
Están llenas las calles de huecas esperanzas que ya nacieron sin patas y que no viven….. solo sangran.
A Óscar. «Lo mató un toro en algo qué algunos llaman fiesta»
M.B.Ibáñez
En primer aniversario:
Hoy he vuelto, a la tierra que aún habitas, de reojo me miraba, aquel toro traicionero vagando con tu muerte entre las pitas.
Óscar grande, Óscar amigo, Óscar yuntero, bajo la lluvia que no llega, revivo tu memoria, para recordar al mundo que tú, no quisiste ser torero.
Maldita sea, la muerte sin la gloria de morir cada cual por lo que lucha, cortando de raíz la trayectoria, de aquellos que ni el viento escucha.
Fue por el setenta y ocho recuerdo que tuve un novio que era para mí un agobio, yo le llamaba el Pinocho por ser truhan y embustero, el cabrón filibustero me hartaba de «calimocho» y de mí se aprovechaba, más yo no le abandonaba, ¡qué bien me comía el cho…!
Y tuve otro, un tal Angulo, majo, guapo y bien fornido quizás un poco creído, ¡pecaba de ser muy chulo! Tuve que dejarle presta, ¡le gustaba la otra cesta! Él siempre con disimulo me hacía ponerme a gatas me abría muy bien las patas y me daba por el cu..
Y luego ya Federico, feo y gordo cual botijo, pa´colmo corto de pij. y tonto como borrico. Con este ya me casé, se preguntarán porqué, siendo el hombre tan tontico, no tardé mucho en pensarlo, ¿y creen que iba a dejarlo? ¡Tonto y feo, pero rico!
Y buenas tardes muchachos otro día contaré, ¡no desesperen, lo haré! Cuanto le miden los cachos, pues él con su cacahuete no me llena ni un moflete y yo preciso pistachos. A nada pongo reparos me gustan hasta los raros con tal de que sean machos.
Soneto, aquí te pillo, aquí te meto, sea esto solo un poema de amor, nadie por ello levante clamor, que a todos nos gusta el juego del *teto.
Que joder nos gusta, no es un secreto, todos ponemos en ello fervor, y nadie por ello sienta pudor que gozar da lustre y brillo al careto.
A heteros y gays, a todos nos gusta, es la bendición que la vida oferta y nunca por mucho a nadie le asusta.
Gusto que rieguen a tope mi huerta, y florezca mi alma, fuerte y robusta con la mente libre, al amor abierta.
Y por si nadie acierta de como se juega, al juego del *teto; ¡Pues tú te agachas y yo te la meto! Otra variante, viene a ser «La Taba» ¡Uno pone el culo, otro planta el haba!
Apretó con fuerza mi pecho, mas no descuidó la dulzura, me hizo flotar hasta la luna, ¡apretó fuerte! ¡madre, apretó!
Sonoro era el perfume a besos, desnudé la capa de mis sueños y temblaron asustados mis labios ante la insistente amenaza de su boca. ¡vorágine de amor,caníbal, caníbal madre, me sentí!
Quise gritar contra su ardorosa locura, me perdí en el vicio de su cuerpo, me bebí de golpe su ternura y cabalgué a horcajadas, desnuda sobre su cintura.
Me empotró contra la tapia, clavó en mi su aguijón, ¡y te juro madre que yo, jamás viví otro momento, tan preñado de emoción!
Erase una vez que se era o de esas veces que no eran o no tuvieron que ser, las tinieblas inundaban las almas de oscuridad.
Murió de frío el aceite y la tea del candil que alumbra la madrugá. Y andaba el amor perdido por solitarios caminos de la sierra de Graná.
Ya las trompetas del miedo comenzaban a sonar, en las esquinas los perros mascaban crudos silencios, los gatos en los tejados untaban en ellos pan.
Luciérnagas, de amor ciegas fueron al cielo a volar para traerse con ellas de las estrellas la luz y así apagar las tinieblas de tan negra oscuridad.
El universo detuvo con lágrimas en los ojos el errante cabalgar.
No eran los cuernos de un toro, ni las cinco de la tarde, no era la quinta avenida, ni él, torero de postín, ni había ningún Camborio para poderle ayudar, ¡no brillaron las navajas en aquella madrugá!
Una paloma sin alas lloraba desorientá, olor a vino barato flotaba en el olivar, dejó de mugir la vaca al ver la yerba sangrar y al Eco, entre las peñas se le oyó fuerte gritar; «¡Aquí ha nacío un poeta pa´ toa la eternidad… !»