Luciérnagas iluminan los senderos de rastrojos, madrugadas de cenizas al despertar los amantes de los sueños que culminan robando a la noche un beso.
Rostros de amor extasiados del continuo cabalgar sobre corceles de fuego, mudo relinchar de espuelas galopando contra el viento, fresco manantial de besos, de los amantes que esconden en las estrellas un sueño.
Y una lenta letanía de suspiros inconcretos va surcando las tinieblas, en labios de los amantes que van incendiando cumbres con el calor de sus lenguas.
Jirones de cielo caen sobre montañas de besos, por senderos del amor que la noche bien conoce, guardándoles el secreto en paños de terciopelo.
En dodecasílabos de hemistiquios 6-6 con rima interna
Me suda la pera, la gente chismosa de nunca esa cosa, a mí me dio apuro, viví yo les juro sin miedo ninguno al tonto ovejuno que todo critica.
Aquel que se pica, el chisme lo aumenta no tomes a cuenta aquello que digan, los tontos instigan por pura malicia, es por su estulticia gustar de hacer daño.
No soy de rebaño, mejor me va sola, soy como esa ola, que marcha y no vuelve, aroma que envuelve amor de verano, soy viento temprano que besa tu cara.
Soy como la vara que dobla y no rompe por mucho que trompe con fuerza algún tonto, que supe bien pronto ponerme coraza y a golpe de maza me libro de ellos.
Me duelen aquellos que viven pendientes y siempre en sus mentes pensando el que digan pues solos se obligan haciendo a eso caso a ver el fracaso de su propia vida.
Yo lamo mi herida, de nadie preciso ni admito al sumiso que al oro se vende y aquel que pretende chinchar al honesto que tenga un buen tiesto en donde sembrar, si quiere medrar y no verse solo tirado cual bolo, en un muladar.
Nadie ha de opinar de como yo vivo eso lo prohíbo, que libre nací, que tan solo a mí me importa mi vida y nadie decida como he de vivir.
¡Libre hasta el morir! Me dijo mi abuelo y sigo mi vuelo sin hacerle caso al triste payaso que venga con credos, yo vivo sin miedos a ningún averno.
Y me importa un cuerno si después de muerta me cierran la puerta de algún cielo eterno, sola me gobierno, no quiero santones ni engordo a mamones que viven del cuento.
Y no hago aspaviento si gozar me toca que me vuelvo loca si me huelo fiesta, siempre estoy dispuesta sin miedo al castigo y no me fustigo con remordimientos.
Vivo los momentos tal y como vienen busco que se llenen de gozo mis días, solo de alegrías se crecen las almas y no con las palmas de aquel que me grita; ¡El gozar evita o irás al infierno!
A la memoria de Don Don Alejandro O de León Soto poeta mexicano
Qué grande se queda el hueco del amigo que se fue! inunda al pecho un silencio, sin entender el porqué!
¡Qué mal la vida se porta con quienes la tratan bien! y poco a la muerte importan las cosas a medio hacer!
Un amigo que se marcha nos pinta de gris el cielo y oscurece las miradas que se pierden por el suelo.
Sin paseo ya la tarde, ¡qué solitaria se queda! El banco de nuestro parque se morirá de la pena.
Los ojos llenos de escarcha al ver que levantas vuelos y algo muy dentro del alma se viste de negros duelos.
Llora el lucero del alba, nos ha contado y falta uno, coja se quedó la barra le falta una flecha al yugo.
Arde en mí, fuego sin llama, soy corazón sin consuelo, mi voz al cielo le clama y en la noche me desvelo.
Y como el poeta dijo; otros nuevos nos vendrán mas la esencia de ese amigo otro no la borrará.
Pienso en la muerte ladrona, vino a robarte los besos y a nadie nunca perdona, ella no entiende de sueños.
De un golpe te desmorona hunde todos los proyectos, esa muerte que ambiciona ser la dueña de los versos.
Esa muerte que maldita no quiere que los poetas alcancen pronto la gloria gozando su verso en tierra, para de golpe la noria y se los lleva con ella para hacer memoria eterna.
Guardaré en cofre de oro aquellas letras que un día hicimos los dos a coro despertando las sonrisas, con unos lúcidos versos demostrando la alegría que siempre tuvo tu pluma.
A la Garganta le dije; si el llanto no trae paz, ¿para qué quiero tu llanto? Ya calla, Garganta calla, déjame con mi dolor. La Garganta contestó; -Deja que sea mi llanto como bálsamo de amor, que suavice la onda pena del sueño que se marchó.
A mis Ojos ya marchitos, les dije; ¡no lloren más, sus lágrimas no me valen que ya no tengo pañuelos para poderlas secar! Y los Ojos respondieron; -Nosotros nunca lloramos, es un recuerdo el que llora al ver a tu alma penando de tristeza y soledad.
A la Luz le dije ven, alivia mi oscuridad, que las noches me persiguen, sacando brillo a mis ojos que no comprenden por qué han de marcharse los sueños con vuelos sin terminar. Y la Luz me contestó; -Soy la Luz, no claridad, podré iluminar tus noches y las sombras ocultar, más la respuesta que pides, en boca de Dios está.
Al Tiempo le dije qué; ¿por qué te gusta jugar? Debieras tener respeto, en las cosas de la edad y nunca viera una madre, a sus hijos enterrar. Nervioso el Tiempo me dijo; -De las cosas del destino, no me vengas a culpar, ¡Solo Dios sabe su juego y esa respuesta que pides, solo él, la puede dar!
Me fui a preguntarle a Dios; Dime tú, dime porqué; ¿por que te llevas los sueños, que empezaron a volar y dejas secas las almas sin fuerzas para llorar? Fija le miré a los ojos, pero Dios… no respondió.
¡Qué triste sentirse triste! cuando no llega el olvido, ¡Qué triste sentirse triste! cuando nos hurga el oído un recuerdo que no quiere nunca darse por vencido. ¡Qué triste madre… qué triste!
Un trino canta al albor un tenor desfallecido y pequeños trinos lloran contemplando con pavor el desmoronado nido, ¡Ay, madre cuánto dolor y cuánto no habrás sufrido!
Qué lejos quedó ya el bosque, que les sirvió de cobijo, y el nidal de puro armiño hecho con paja de trigo, ¡Ay, madre! ¿Por qué te has ido? Entre suspiros y llantos pía el pájaro más chico con la mirada perdida ante el cuerpo de su madre.
Pide padre con su canto a las estrellas más puras hagan de rosas un manto para cubrir tu hermosura, ¡qué luces madre muy bella sobre el destrozado nido! ¡Ay, madre! ¿por qué te has ido?
¡Ay, madre! Quisiera hacer de lágrimas un collar, cubriendo con sus destellos esa blanca palidez de las rosas de tu cara y que tus ojos tan bellos vuelvan de nuevo a brillar.
Madre, yo alcanzar quisiera al duende que te llevó y pedirle respondiera; ¿por qué, di madre por qué? ¿Por qué siendo primavera, tus dos rosas las secó?
¡Qué triste madre… que triste! ¡Qué pena da el pajarillo que crezca sin una madre para enseñarle a volar! Y que se encuentra perdido en este mundo tan triste donde solo amor de madre es un amor de verdad. ¡Qué triste madre… que triste! Me dan ganas de llorar. . Poema de Iván Terranova Crúz y Mercedes Bou Ibáñez
De coplas de La Valenciana Romance terminado con una décima
Salí un día muy temprano en busca de la vereda, antes que los malos vientos la taparan con su arena, era mi sueño el volar por las cumbres de la sierra, con el miedo de hacer tarde y perder del sol la puesta.
Cosas de la juventud que con delirio se vuelca a beber la vida a tragos sin tiempo para la espera, no sea que se acobarde y el mañana nunca venga.
Bien pronto volé del nido trazando mi propia senda, corrí libre por las calles del Madrid de los setenta, siempre con la voz en grito siempre el amor por bandera, algún porrazo pillé de vez en cuando en la cresta por correr ante los grises y otras veces viceversa, pero silbaban mis labios sin temor a la tormenta, los acordes y las notas de una canción de protesta.
Que lindo cantaba el Llach “allò de la gallineta” de La Estaca, ¡qué decir! Esa fue, su obra maestra y en el Olimpia el Ibáñez soltaba todas sus letras para correr tras el vent del Raimon y La Bordeta en su viaje hacia La Itaca donde el sueño no es quimera y un niño al nacer ya trae bajo el sobaco un poema, la libertad en él dice; no se forja con cadenas.
Lindo fue el sesenta y ocho, de flores llenó la tierra, los gritos de paz y amor llegaban a las estrellas, ¡qué linda la juventud cuando se tiene una meta! Y esa meta es el amor que no sabe de fronteras.
Y ya otro mayo francés nos hace falta en la tierra para ir sembrando de flores la oquedad de las cabezas, que ya perdimos el norte y el miedo otra vez acecha.
Para volver a luchar ya no me queda metralla, la garganta ya me falla y me tengo que marchar. Por las tardes iré al mar a pasear por la playa, de vez en cuando una «raya» para ir olvidando a modo que ya no hinco más el codo, esta es mi última batalla.
De la serie poemas a Federico García Lorca . En fecha todavía incierta, entre el 17 y el 19 de agosto de 1936, el poeta andaluz más universal es fusilado en algún lugar cercano a la fuente Grande, junto al barranco de Viznar (Granada), convirtiéndose en mártir de la causa republicana. 81 años después su muerte continua siendo un misterio.
Hexadecasílabos en hemistiquios 8-8
Un diecinueve de agosto lloró en el cielo un torero por la sangre derramada en el olivar del miedo, mientras un sueño lloraba, a las seis de la mañana y los lirios de la vega, alzaban su blanco cuello vigilando la vereda.
A las seis de la mañana; de un diecinueve de agosto, gritaba Sánchez Mejías desde una plaza sin ruedo, de subalterno San Pedro, San Juan de banderillero, clamando desde la arena llantos de poetas muertos enmudecen al silencio.
A las seis de la mañana sentí su sangre en mi rostro y un coro de serafines en rasgueó por peteneras hizo sonar las guitarras, haciendo fiesta en el cielo, para celebrar la entrada, del alma de un gran poeta que nació «pa´ » ser eterno.
Sin cuernos largos ni toro, con un viento de lunares iba llorando un palomo con el alma destrozada, un diecinueve de agosto a las seis de la mañana, mientras el sol ya peinaba la raya del horizonte y los perros despertaban.
Sangró la yerba sangró a las seis de la mañana y el verde del olivar cambió del color el tono como el de aquel que llevaba, toda la muerte en su rostro, a las seis de la mañana, ¡de un diecinueve de agosto en que la muerte acechaba!
Un diecinueve de agosto fue la mozuela a llorar a la orillita del río, a las seis de la mañana, aquella la bien amada por un gitano de tronío que le pelaba la pava cuando no estaba el «marío», sin saber que era casada.
Sangraron las amapolas un diecinueve de agosto, enmudecieron de golpe en el mar las caracolas, se disfrazaron las piedras alrededor de la hoguera y las gitanas lanzaron a los vientos las tijeras buscando venganza eterna.
Agosto quiso borrar el día del almanaque y el trigo dijo en la era con la voz de un alma en pena; «Qué terminé ya la trilla, que coman pan de panizo aquellos que le arrancaron a Granada el mejor hijo la mejor flor de la vega.
Mudas también se quedaron sombras negras del cortijo, y las ranas dando brincos hacia el cielo se lanzaron pidiendo justicia a gritos para un rey de los gitanos que boca abajo tumbado expiraba en el camino pintando en rojo el tomillo.
A las seis de la mañana el sol salió sin sombrero, un diecinueve de agosto en que un toro traicionero derramó de una cornada toda una vida de versos tirándola por los suelos, a las seis de la mañana de un diecinueve de agosto.
Un diecinueve de agosto ráfagas de viento helado, tiñeron de rojo el cielo con la sangre derramada de un hombre de cuerpo entero que de bruces en el suelo dejo grabados sus versos por siempre en el universo de todas las almas buenas.
Décimas en respuesta a este «piropo» que me hicieron en forma de ovillejo.
A Mercedes
¿Por què me deja perpleja? Pendèja! ¿Por què siempre cronomètra? Sus letras! Desde el ovillejo aquel? Soy fiel!
Su versar no es que sea miel Ya le conocen ustedes. Quiero decirle a Mercedes Pendeja! A tus letras soy fiel.
Al igual que esa persona me dijo que no era ofensivo, que era desde el respeto, así le digo, tampoco estas décimas pretenden ser ofensivas, son también desde el respeto.
Doy por supuesto que pienso que este ovillejo esta hecho con la más pura intención de ser un halago y no una ofensa. Del mismo modo, adoptando yo el rol de ofendida, sin estarlo, me propuse hacer unas décimas en respuesta imaginando que pudiese estar hecho con ofensiva intención.
¿Por qué me llamas pendeja? sin conocerme de nada, nunca fuiste de acampada ni a bodas con esta vieja. Satisfaga usted mi queja; ¿ a qué pues tanta confianza? usted lo escribe y lo danza, o quizás a error me doy, ¿y esa Mercedes no soy y me confundí de chanza?
Que no son de rica miel comenta de mis escritos. si cree no son bonitos ¿por qué dice, serme fiel? Carga sus letras de hiel queriendo dar otra forma, más no suelo yo por norma, enfadar por algo así, que nunca ser pretendí de ningún zapato horma.
También la veo escribir; ¡Ya la conocen ustedes! refiriéndose a Mercedes. ¿Qué pretende usted decir? ¿Acaso querer influir a engordar mi mala fama? Me trata como a la grama que los trigales destroza, quien no vale ni pa´ broza lo que su pluma derrama.
Se que me tienen idea por tener la lengua fina, no soy como la gallina que ante una nube se mea. Ante truenos gordos, crea, nunca me puse a temblar, siempre supe repicar como campana en volea, que a mí nadie me patea, ni me dejo avasallar.
A nadie a seguirme obligo, si no gusta lo que ve, ¡a qué coño viene “usté”, como si fuera un amigo! Atienda bien, que le digo; usted siga con los suyos* que no quiero yo capullos volando a mi alrededor, para crecer como flor no necesito de arrullos.
Así qué… ¡vista y al frente! Siga usted marcando el paso, ¡qué yo con nadie me caso, por seguirle la corriente! Llevo bien alta la frente, siempre digo lo que pienso y siento un placer inmenso cuando de mi boca sale, todo aquello que bien vale para fastidiar a un menso.
*Nota; En la 5ª estrofa el verso 6º y 7º «suyos y capullos» no es rima consonante, es rima en asonante, pero me acojo a la licencia poética de «rima por similitud fonética»