Tierras por Dios olvidadas, y tierras que ya no saben a que sabe un azadón, tierras ya sin el calor, de una mano que acaricie de sus hierbas el verdor, y a esas tierras vinieron el Ángel y otros dos más, con la ilusión en la mente y teniendo bien presente que mucho hay que trabajar y aprovechar la simiente que siembren en el lugar, que es propiedad de otra gente.
Suelo perdido en el viento al que nadie le hizo caso mientras estuvo parado, ¡pero por Dios qué milagro que está puesto a producir, por cuatro desarrapados! ¡y no puedo consentir! !Qué esas tierras son legado de mis padres para mí!
Así funciona este mundo ¡qué lo mío es para mí aunque esté abandonado! Y si veo alguien allí, saldrá de mí lo inhumano, ¡todo el que quiera vivir, que pague como yo pago!
No disfruta la Verdad de buenos amigos, por su vicio de arañar algunas veces a quienes escuchan. Suele tener más amigos la Mentira que te alegra las orejas. Pero como dijo Serrat; «Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio»
II
Al amanecer espera la Alondra como guardián en la noche serena, de reojo la Luna acecha a los amantes que sueñan rasgando silencios, matando las horas, a golpes de besos, rasgando gemidos, labrando suspiros donde van sembrando, semillas los sueños, hincando la reja, en surcos regados con muchos….¡te quieros! Sabor a esperanza.
Se arrullan los gatos, en pardos tejados, violines que gimen, se oyen muy lejos, fragancia de flores, acarician aromas de quienes con besos le cantan al mundo, sus sueños de amores.
Se arrullan al alba, amantes que gimen en paños de holanda, suaves murmullos de labios que arden regando de mieles, amores del alma y fragancia de flores de verde esperanza llenando de paz, esta noche serena, en que un silencioso jinete por entre cerros cabalga buscando en mi vientre, guarida a sus ansias.
Duerme en almohada, de sueños la alondra, aroma a jazmines, recorre senderos, ahuyentando silencios, sembrando de besos los nidos de amor de amores que anidan en almas, que tiernas se beben los vientos, jaleando suspiros, entre gemidos y abrazos de almas que sueñan, fundirse en un beso, buscando el momento, de contarle al mundo sus sueños de amantes.
¡Cómo crecen los versos, sellando la noche a besos! ¡Cómo invaden los sueños! Humedeciendo sábanas… Así nace y crece el amor ¡cuando pura es el alma! ¡Cómo crecen los versos! ¡Cómo se crecen las almas! ¡Cómo invaden los sueños! Los senderos que guardan la silenciosa gruta, donde tus labios cantan cubriendo de besos, hasta donde el sueño alcanza. Así nace y crece el amor, cuando es pura el alma.
Hambre… sed, sudor y lagrimas, lejanos ecos, de palpitar de corazones. Arena… y más arena, a lo lejos, muy lejos, las palmeras. «¡He de llegar, he de llegar!» ¿A dónde?…
La vida… monotonía de un desierto, arena y más arena, siempre a lo lejos… ¡Muy lejos!… Las palmeras, la ansiada libertad.
La vida…un desierto, corazones de vacío intenso, buscando amor y sueños, ¡y encuentran… arena! Arena y más arena, a lo lejos, ¡muy lejos!.. Las palmeras.
Ilumina un toro negro la luna por la dehesa, su brillo sobre un pitón presagia una noche tensa, collarines de rubís han de parecer las piedras, al primer rayo de sol que asomando por la sierra le de su color y brillo a las ronchas color fresa, que simulando amapolas darán color a la yerba.
El toro ya escucha el eco de la muerte por la era. ¡Ay, luna dile al zagal, dile al zagal que no venga! Que no quiero que una madre venga a mí a pedirme cuentas, ni llevar sobre mis astas el dolor de una tragedia.
¡Ay, luna dile que no! Dile; ¡por aquí no vengas! ¡Qué no quieren estos prados regarse con sangre fresca! ¡Qué la yerba ha de ser verde y no de color magenta! ¡Ay, luna dile que no, dile que la muerte acecha!
¡Dile luna por favor! Que hay vaquillas en la vega, que allí podrá presumir lidiando con las más tiernas, ¡pero aquí dile que no, que aquí la muerte lo espera oculta tras los pitones que apuntan sobre mi testa!
Con un tembleque en el alma el zagalillo se acerca, llevando sobre su pecho un sueño y una muleta, un retrato de la Virgen y el corazón por montera. Escalofríos le corren de los pies hasta las cejas, en sus ojos crece el miedo pero la ilusión lo frena, soñando ya en esa plaza donde la gloria le espera.
Con la mirada en los cielos el toro sigue en alerta, ¡el ya sabe que la muerte ha tomado ya las riendas!
Y sigue el toro gritando con una voz lastimera; ¡Ay, luna dile que no dile al zagal que no venga! ¡Qué la muerte anda cantando un requiem por peteneras! Y el buitre ronda los cielos porque ya huele su cena. ¡Dile ya luna que no! ¡Qué por favor… ¡qué no venga!
Sin hacer caso a la luna, el chavalillo se acerca, va rezando una oración y al cielo pide con fuerza; «Cuida Virgen de mi madre si muero en esta capea y dile que ser torero lo quise pensando en ella, para poderle comprar finos collares de perlas, el mejor de los cortijos y trajes de fina seda, porque quiero yo a mi madre convertirla en una reina».
Tristón y mirando al cielo el toro a sus dioses reza; ¡No permitáis por favor que el zagal cruce la puerta! Pero ya se acerca el niño, cruzando esta ya la verja, sin hacer caso a la luna que le ha dicho que no venga.
¡Ve luna! ¡Dile otra vez, dile, que su madre espera mañana por la mañana el besar su frente tierna! Y que si viene hacia mí tan solo habrá madreselvas alrededor de su cuerpo de bruces sobre la tierra, sin besos ya de una madre sobre su cara de cera.
Un reguero de amapolas amaneció en la dehesa y un toro desconsolado… lloraba sobre la cerca.
Soneto con la Z como eje final De la serie cuentos de la Gertrudis . Alma fuerte que al amor le reza, en lucha por hacer su noche un gozo, ansía por buscar un guapo mozo que de pasión las muelas bien le cueza.
Todavía no es dura mi corteza, tiene aún mi figura buen esbozo, la cama con pasión bien la retozo, sin dejar de comer ninguna pieza.
Que sepa navegar y hacer el buzo de guapo me da igual, mas buena traza que diestro sea en usar el chuzo.
Que bien sepa plantar bandera en plaza, que no tenga la cara de merluzo y en la lengua, su piel como la estraza.
De moza picaraza que va buscando con mucho alborozo, mozos que le ventilen bien el chozo.
Salen a las plazas sin luces, Cubiertos de plásticos metálicos. Los negros astados, van montados en camillas, a buscar su tierra. Perseguidos por una sombra de color azul.
Asesinados Cuando se bañan en las palanganas Después de comer rodajas de media luna, de sandias y melones. En las orillas de sus cabañas Entre los pucheros rotos, con su nombre escrito en los agujeros. Ven llegar los negros los Jinetes de azul.
Despierta toro, despierta. Que vienen los jinetes cargados de hormigas Para vaciarte los ojos blancos de huevo. A cuajar tu cuerpo Lanza sin flecha, Tronco sin alma En una plaza de toros de Wall street y otra de Madrid. Despierta negro, despierta. Que llegan los tricornios y las capas a New York.
Ángel Blasco
II
Sin palabras me dejaste, muda ante el grito del silencio que sale de todas las charcas que se quedaron sin ranas.
Muda ante los ojos resécos que flotan porque sus cuencas salieron huyendo en busca de nuevas calaveras.
Muda ante las llagas que dejan los sacos rotos en las espaldas mojadas de los sueños ahogados en latas de sardinas.
Muda porque he visto llorando a la calma, impotente sobre los huesos rebanados de aquellos que nacieron divergentes.
Muda viendo la sonrisa de la muerte tendida sobre una manta disfrazada de verdugo con placa. ¡En el país de los sueños no solo mueren las vacas!
Muda al escuchar los gritos de aquellos que callan, muda ante los vientos que azotan los sueños de quienes buscan sustento en donde vomitan las cabras con las mierdas que otros lanzan.
Muda ante el mar que guarda secretos a voces de los sueños que no nadan.
Ya nadie escucha los gritos… del silencio que no calla.
M.B Ibáñez.
III.
Vuelta de paseo
Asesinado por el cielo. Entre las formas que van hacia la sierpe y las formas que buscan el cristal, dejaré crecer mis cabellos.
Con el árbol de muñones que no canta y el niño con el blanco rostro de huevo.
Con los animalitos de cabeza rota y el agua harapienta de los pies secos.
Con todo lo que tiene cansancio sordomudo y mariposa ahogada en el tintero. Tropezando con mi rostro distinto cada día ¡Asesinado por el cielo!
De Federico García Lorca, en Poeta en Nueva York
Federico García Lorca, Ángel Blasco y Mercedes Bou Ibañez
Lo importante al escribir será que se reconozca* como trigo entre mazorca tu modo de transmitir.
Que te puedan definir al ver que tu letra enrosca como la araña a la mosca por su forma de irrumpir.
Crea tú, tu propio sello nunca seas uno más, que te va la gloria en ello.
Si lo consigues verás que es muy profundo y bello te conozcan los demás.
Y no te quedes atrás, no me seas del montón, aprende y así sabrás salirte del mogollón.
*En la rima de los versos 2º y 3º de la primera redondilla me acojo a la licencia de rima por similitud fonética: reconOzCA mazOrCA Del mismo modo que ambas lo son por similitud con; enrOsCA y mOsCA de la segunda redondilla.