Se nutre la vida de sangre que riega los cerros de olvidos, montes sin laderas, picos donde puso el hombre su meta, esos donde dicen la esperanza otea a ilusos que hicieron sus planes con ella.
Mientras ella ríe con risa de hiena, se bien lo que digo, la tuve muy cerca, vi su traje verde, su cara de cera corazón de hierro, sin sangre en las venas y fuerte me dijo; ¡Si quieres llegar no fíes de mí, tan solo en tus fuerzas, que si algo consigues ha de ser por ellas! ¡Nadie te dará, duros por pesetas!
De golpe sentí esa ira que ciega y nubla la mente, cuando el hombre piensa; que hay algo que trunca su paso en la tierra.
Pone el hombre empeño, sé bien, que lo intenta queriendo saber misterios y tretas de dioses que anulan con negras cadenas los sueños que forjan aquellos que sueñan vivir en un mundo sin tantas enmiendas.
Sueños que se pierden; muriendo en las venas de aquellos que buscan alivio en la espera, sabiendo que nunca pisará su puerta una blanca suerte; ¡tan solo la negra!
Mis uñas al cielo, arañan con fuerza pidiendo me diga; ¿el por qué en la tierra, los sueños del hombre nadie los respeta? Los dioses tan solo hablan de promesas, que manchan de barro crédulas orejas de aquellos que pierden su tiempo en monsergas, mientras la esperanza ríe a boca abierta partiéndose el culo detrás de la verja.
Fría la mañana en un mes cualquiera, la maldad madruga prendiendo la yesca, afila sus garras no quiere sorpresas, sendas y caminos vigila de cerca, presta se asegura no escape su presa.
De bondad vestida tras la puerta acecha, en sus ojos arde de odio una hoguera, ofusca su mente una niebla espesa que guía sus pasos a oscuras tinieblas.
De casa su abuela, un niño que sale y capa no lleva ni grana es su gorro, ni el lobo lo espera detrás de una mata pa´robar su cesta.
Sí una bruja mala con odio en sus venas a ese tierno infante que sus planes frena.
No crean lectores, aunque lo parezca que esto sea un cuento de esos que se cuentan para asustar niños y pronto se duerman, que en este no hubo cazador que abriera el vientre a la bruja tendida en la alberca, haciendo posible que el niño volviera.
Esta vez el cuento sí es como se cuenta, ¡qué nadie se piense, que nadie se crea que esto solo pasa en viejas novelas, estas cosas pasan en cualquier acera, en cualquier lugar si la muerte acecha con disfraz de santa pero el alma espesa.
Cualquier parecido con algo que sepan, es la realidad más que manifiesta, nada de lo dicho el autor se inventa, ni salió del libro; Cuentos y leyendas.
Caldera de los Marteles, la casa de mis abuelos, con pecas en las mejillas entre ovejas y carneros entre neblinas y sombras y aquel cochino tan negro pasé mis primeros días a la sombra de sus cerros.
Entre papas y chicharros me fui soltando los pelos brincando por tus laderas pelando fríos eneros que hicieron mis carnes pretas y un alma color de cielo que sueña con ser poeta o morir en el intento.
Mi juventud sin laureles, entre mi casa y el puerto, florecían los claveles en el hondo de mi pecho, que yo los iba arrancando convirtiéndolos en versos, para echarlos a volar, ¡no quiero pájaros presos! Abrí las puertas del alma. ¡Surquen los mares mis sueños!
Cualquier parecido o coincidencia con algunos hechos reales, es tan solo eso;
«pura coincidencia»
Lobos sedientos de sangre husmean por las praderas, en donde cantan las mozas que buscan que se las quiera, tan solo por lo que son y no por ser carne tierna, que no nació la mujer pa´ ser de lobos merienda. Unos cuantos en manada todos con la misma percha, ya se bajaron del cerro, por el río ya se acercan.
Los tomillos a su paso lloran de vergüenza ajena. Afila sus dientes largos la humareda de la yerba. Se las prometen felices y se ríen como hienas, presumen que será fácil al estar el pueblo en fiestas.
Ya se escuchan los aullidos al olor de sangre fresca y bajan en su locura brincando por la vereda, con los sentidos cegados por el vino de taberna. Llevan los ojos vidriados de lujuria y de soberbia, el respeto a la mujer no les cabe en la cabeza.
Amparados en la sombra en la madrugada acechan, las luciérnagas esconden en el bolso las linternas, que no quieren con su luz alumbrar a tales fieras, prefieren morir cegadas antes que alumbrar la senda por donde bajan los lobos en dirección a su presa, que para ellos la mujer es tan solo una herramienta, a la que después de usar se la esconde en la cubeta. Y las luciérnagas dicen que ellas no están dispuestas a que sus rayos de luz alumbren almas siniestras.
Baja una moza cantando su alegría por la cuesta, guirnaldas adornan cielos y en los balcones banderas, en la plaza las gitanas repican las castañuelas, corren por las calles vientos de jarana y francachela y el vino que corre a mares en los sesos hace mella.
Un silencio claro oscuro se huele ya la tormenta, quiere gritar y no puede; ¡Despierta niña, despierta, también a las fiestas vino algún lobo de la sierra! Disfrazado de cordero pero cubierto de mierda, con el alma emponzoñada del hedor de sus miserias.
Los toros tiemblan de miedo ocultos tras la barrera, San Fermín llora en silencio derrumbado en su alacena, lágrimas de sangre corren por su manto de franela al no poder comprender que algunas mentes no sepan que la mujer no nació para que nadie la ofenda.
¡Qué a la mujer la hizo Dios, para ser del mundo reina! Y no para ser carnaza de lobos con almas negras.
Romance . Oigo susurrar al viento golpeando mi persiana mientras va sembrando nombres sobre los pies de mi cama, nombres que ya se fundieron bajo las sombras tan largas que vigilan a los sueños que perdieron la esperanza. . Cuántos nombres conocidos veo sobre mi almohada, padres, vecinos y amigos que figuran ya entre malvas, y un recuerdo entre las brumas de aquella mujer tan alta. . Todos los niños del barrio se reían de su facha, de aquel su andar tan torcido de figura desgarbada. Ella seguía su paso con un rictus en la cara, reflejando la tristeza de una juventud amarga, recordando que de niña ella también se burlaba de la gente que a su vez parecían gentes raras. . Pero infundía respeto a su paso por la plaza. Los más viejos del lugar no recuerdan su llegada, fue por el cuarenta y seis tras una guerra muy larga. Uno de los viejos dice; ¡Cuando vino era muy guapa! muy alta de pelo rubio pero triste la mirada. En el pueblo comenzaron a llamarle “La Alemana! . Y las comadres tuvieron razones para sus charlas, preguntándose entre ellas; ¿Quién será esta descocada? Nunca se la vio con nadie, siempre sola en su veranda mirando pasar los niños que la tomaban a guasa y por sus ojos azules dos lágrimas escapaban recordando aquellos campos donde anduvo de guardiana. . A su mente acuden rostros de aquellas almas tempranas que no sabían de muertes tras las lluvias de agua clara, esas aguas que robaron a los niños su mañana en alguna ducha fría que con los sueños acaba. . ¡Y os lo juro! ¡Yo lo vi! ¡Dios mío, cuánto lloraba asomada al alfeizar! ¡Lloraba hasta la ventana! ¡También el pueblo lloró, cuando murió la alemana! . Yo también mucho lloré pensando en la vida mala, esa que a veces obliga a estar en una enramada sin que puedas decidir que puedes hacer mañana, si otros deciden por ti que serás lobo en manada. . Hoy han pasado los años y lloro por La Alemana, aquella pobre mujer obligada a ser guardiana de campos donde los niños en alguna madrugada vieron morir a los sueños detrás de una ducha helada.
Romance . Hay un gran peso en su alma y una mirada perdida fijada en el horizonte, mas no sabe donde mira. Le pesan mucho los años de tantas cosas vividas que muerden como lagartos en sus ajadas costillas. . Al terminar la contienda su padre echó cuesta arriba, en busca de las montañas para resguardar su vida, ¡cuántos llantos de su madre mirando hacia las colinas! . En la escuela con crueldad; ¡Hijo de maqui decían; como Maki quedarás por el resto de tus días! . En las noches de verano el Maki a sus nietos cuenta las cosas de su niñez, que con delirio recuerda, mientras araña su mente aquella ausencia paterna y aquel hogar destrozado por una maldita guerra. . Les dice que siendo niño nunca supo con certeza, el cuándo trocó su abuelo la sonrisa por la pena. . Aquella voz temblorosa antaño una voz muy recia, entre susurros le hablaba de aquel su amigo de letras, aquel que una noche fría le mancharon la chaqueta con cinco rosas de fuego, en aquella noche negra en el olivar del miedo, aquella noche nochera que tronaron en los cielos repiques de castañuelas y los gitanos pintaron de rojo las azucenas. . Dice que nunca gustó el tener que ir a la escuela que prefería quedarse con su abuelo en la placeta. Dice el Maki que admiraba las manos grandes y prietas del abuelo en la garrota, manos de sangrientas venas que sabían del esparto y de hielos en la vega. . Abuelo háblame otra vez de esos años de tristeza, ¿por qué mi padre marchó para esconderse en la sierra? ¿Y sí es verdad abuelito que conociste al poeta? ¡Dime abuelo por favor y cuéntame cómo eran! Los lagrimones brotaban por los arcos de sus cejas. . El uno era el mejor lirio que tuvo nunca la vega, hermoso palomo blanco con alma de Magdalena, era ese fresco rocío que de paz el alma anega. . El otro era el buen hijo que todo padre quisiera y a tiros cayó abatido allí en aquella arboleda, el mismo día Antoñico en que se murió tu abuela, bajó para despedirla, pero acechaba la Negra… . Y Federico un agosto se marchó por la vereda, esa que lleva las almas a gozar la vida eterna, una mañana de truenos que soplaban en la vega, los remolinos del viento de fieras con capas negras. . Las lágrimas del abuelo llenaban toda la alberca… . Y siempre acaba llorando el Maki, cuando lo cuenta…
Una décima espinela quisiera poder hacer, mas lo malo es no saber pues soy yo bastante lela. Pero voy a ver si cuela o si alguien se parte el culo, al reír sin disimulo al ver como esta mastuerza pone tesón y se esfuerza en ir versando algo chulo. . Ya ven que me salió un pufo, ¿de una boba que se espera? Si Don Vicente me viera me soltaría un rebufo. Pues hay en mis letras tufo de una tonta sin talante, que por mucho que se plante de rimar ni puta idea y aunque yo si me lo crea mi versar no es un buen cante. . Huevos fritos, un chorizo, con dos rajas de tocino, un muy buen vaso de vino y de postre me entronizo un chocolate y un suizo. Lechuga pa´ los conejos o pa´toitos esos viejos que tienen miedo a morir, yo aún estoy por vivir y la verdura… bien lejos. . Para aclararte, lejía que deja el cutis blanquino, luego leche de pepino y no te conoce tu tía. Y te aseguro hija mía que lo verás de otro modo creo que hasta a Quasimodo lo verás como un doncel si además con un pincel te untas la cara de lodo. . De un feo para matar es mi primo el Timoteo, ¡por Dios, mi madre qué feo! ¡Feo de al verlo recular! Pero tiene un singular corazón de amor canoro. A mi primo yo lo adoro y muy guapo me parece pues la belleza se crece ante un corazón de oro. . ¿Qué significa chumino? ¿Acaso un un idioma és? Pues yo quiero hablar chumines, que suena como muy fino. O ¿Va a ser algo gorrino? ¡Decidmelo por favor, que no quiero por error volver a meter la pata! Y que alguien me de la lata por faltar al pundonor. . ¡Ay, por Dios, me perdonar que a mí ya se me fue el higo, tampoco sé lo que digo me confundí de versar. Alguno se va a pensar que estoy loca de remate, ¡Qué venga Dios y me mate que ya perdí la razón! Que alguien me de un buen capón por este mi disparate.
Te lo cuento como fue, en la provincia de Soria la aldea los Mangarranas, a eso de las siete y media cuando el señor cura se iba listo para abrir la iglesia le dio un ataque de tos, que temblaron las campanas tan fuerte tuvo que ser que del golpe se quedó redondo hecho un ovillo en el suelo espatarrao, los ojos de pajaríco, las manos en la cartera, tieso como un bacalao. . -«Hay que llamar otro cura» dijo el Blas en el concejo, (el Blas estaba de alcalde, no por rico ni por listo sino por ser el más bestia a treinta leguas del predio y que se hacía entender por dar hostias como panes, los pillos se acojonaban al ver sus manos tan grandes) -«Lo mandaremos llamar y ya que el pueblo esta lejos enviaremos mi zagal para que lo traiga presto no se pierda en el pinar; ¡Juanico vete pal pueblo tráete al cura pacá!» . Cogiendo manta y la burra un chorizo y medio pan, navaja pipirranera, de vino lleno el morral por si acaso el frío aprieta, que nunca estará de más y en encomendarse a Dios pallá que se fue el zagal, por el camino la acequia, por ser el que cunde más. . Llegó a media mañana, se presentó al señor cura muy adusto y muy formal. -«Soy Juanico señor cura, de aldea Los Mangarranas, con el mote de «el Cansino» me conocen mucho más, hijo del señor alcalde y la señora Piedad, he venío´ pa´ buscarle, no se vaya a extraviar o ir a caer a las manos de Paco el del melonar un ladrón de los caminos que ronda por el lugar.» . Puso el cura sus sotanas en un hatillo de liar, metiendo también en él las ostias pa´ consagrar un chisquero ya muy viejo, la petaca pa´ fumar, petaca en cuero bordado (regaló de su mamá) un librillo de papel, la estola de los domingos cuatro o cinco cosas más y un buen pedazo de queso que guardaba en el corral. . A la media hora de andar cansado ya del camino sacó el cura la petaca con la idea de fumar, el Juanico que la vió ¡los ojos le fueron detras! -«¡uf! por Dios, vaya petaca me la tiene usté que dar!» -«Va a a ser que no,Juanico es regaló de mi madre, no la pienso regalar.» . Como no os quiero cansar os diré que en el camino la pidió diez veces más. ¡Hasta los huevos el cura de tan cansino zagal! En llegando ya a la casa, para dejar a la burra entraron por el corral que está lleno de conejos y otros cuatro bichos más dos marranas, un chotillo y la mula pa´ labrar. . Por lo tardío de la hora quedóse el cura a cenar, allá en mitad de la cena vuelve de nuevo el zagal a decirle al señor cura -«Señor cura la petaca me tié usté que regalar.» -«Harto me tienes chaval que ya te dije que no, ¡que no te la pienso dar!.» Así por dos o tres veces, ¡era cansino el zagal . Siendo como era ya tarde, se quedó el cura a dormir en un cuarto que al efecto se preparo en el zaguán que hay encima de la cuadra justo al lado del pajar y que al calor de las bestias pues no era muy mal lugar. -«Duerma a gusto señor cura y mañana Dios dirá» Se oyó que le dijo el Blas. . Hechóse el cura a dormir sin quitarse la sotana de tan cansado que estaba, ni se quiso desnudar, a media hora ¡casi escasa! Un golpear en la puerta puso freno a su roncar, -«Señor cura soy Juanico no vaya usté a olvidar que ha de darme la petaca.» -«¡Vete a la mierda zagal déjame dormir en paz!» . Así transcurrió la noche a cada hora y sin parar esta el Juanico en la puerta, -«Señor cura, señor cura no se vaya a olvidar antes de marcharse usté la petaca me ha de dar.» . A las tres de la mañana, en otra visita más, cogió el cura la petaca que al acostarse dejó encima de la mesita junto al papel de fumar y aquel chisquero de yesca (de esos que no quedan ya) y con ganas de matarlo la tiró contra el zagal -«¡Toma la petaca niño déjame dormir en paz metetela por el culo a ver si revientas ya!» . En la mañana temprano, los ojos como pimientos, recogió el cura su hatillo y dos gallinas muy viejas regalo de la Piedad pa´ que se hiciera un buen caldo, que el frío apretaba ya, emprendió el cura camino con mas sueño que un gañán y en dirección a la iglesia que está tal y cual se baja por las cuestas del Colás iba el cura echando sierpes contra el cansino zagal, que le jodió la petaca regalo de su mamá. . Tomó el cura ya aposento en la casa parroquial, le esperaba la Jacinta, una mujer muy cabal, aunque ya entradica en años estaba de buen mirar, hermana del anterior, (aquel cura fallecido, el del ataque de tos, que se quedó hecho un ovillo) ¡qué Dios le tenga en su paz! buena moza y servicial ayudaba en las labores y hacía de sacristán ya que los hombres del pueblo no eran del mucho rezar . Fueron pasando los días entre sermón y sermón, algún tute en el casino, una partida al billar y buenos tragos de vino o confesando a las viejas o acristianando un zagal. . El día de San Manuel en acabando la misa entró una mocica guapa, Paquilla la del Morral, la más chica del Honorio, que lo debes conocer el marío de la Virtudes, la prima del tío Juan, ¿cómo que no la conoces? ¡Virtudes! la que decían que si se casó preñá, el caso es que la chiquilla no se vino a confesar vino a pedirle su ayuda por lo que os voy a contar: . -«Ayúdeme Don Anselmo, (así se llamaba el cura, según creo recordar) que me he echao yo un novio que no para de tocar buscando lo que usté piensa y yo no le se explicar y sepa usté señor cura que yo antes del matrimonio no se lo pienso entregar, que no es de buena mujer y yo soy mocica honrá.» . -«Como Dios manda hija mía ¡pues no faltaría más! Dime quien es el rapaz tendré una charla con él y no temas ya por tu honra que yo lo voy a arreglar, hablaré con el zanguango haciéndole razonar o le arrancaré la piel, ¡si no entra con el misal con la garrota entrará! ¡Vaya si razonará!» . -«Muchas gracias Don Anselmo que alegría usté me da el Juanico el del alcalde y la señora Piedad, es el mocico que quiere robarme la mocedad sin haber hecho los votos ni pasar por el altar.» -Se puso el cura a temblar, «¡Noo! ¡Ay Dios mío, ay Dios mío, puedes darte por follá!»
Le he visto solo, en sus ojos el silencio anuncia recios destellos. ¿Por qué será? En su banco frente al mar, con la mirada perdida. ¿Qué mirará? Ante un lejano horizonte, que nunca podrá alcanzar. ¿Qué pensará? . Otras veces caminando, hacia el cielo la mirada, ¿en ella estará pensando? Vacilante lleva el paso, un paso que antaño fue decidido al caminar, ¡hoy con un freno que resta aquel porte en el andar! . ¿Le pesarán ya los años? ¿O hay cosas que pesan más? ¿Abuelo dime que pasa? Ese brillo de tus ojos, son lágrimas apresadas que ya ni saben llorar. . Abuelo, sé que hace un año que la abuela se marchó, pero mira abuelo al cielo; ¿Ves esa nube que flota? Sí, abuelo aquella redonda que parece de algodón. En ella he visto unos ojos que te miran con pasión. . Son los ojos de la abuela que relucen más que el sol. Ya no me sufras abuelo, ella te espera en el cielo, donde Dios querrá que un día se eternice vuestro amor. . Ya no me llores abuelo, o me harás a mi llorar, que yo también la recuerdo y ya en mis ojos empiezan las lágrimas a brotar.
Esta noche me emborracho como dice el tango aquel, así acabe con empacho haré de tripas cordel, . Pienso hacer el mamarracho y bailar sobre el mantel con mi cuerpo vivaracho, hasta dejarme la piel. . Me pondré una braga roja, que dicen da buena suerte, esperando a que me coja un macho sanote y fuerte. . Noche vieja sin polvete es como juez sin birrete. . -0- -0- . Nuevo año va a comenzar, dura será la corteza que tenemos que pelar. . Nadie sabe con certeza que le depara el destino para ver donde tropieza. . Pone trampas el camino y quien con venda camina se topa con algún pino. . Hay mucho que se ilumina ante muñecos de barro pintados con purpurina. . Otros se comen el tarro soñando con verdes cielos pa´ quien huye del cotarro. . Pero al final por los suelos todos igual terminamos tras muchas penas y duelos. . Y por mucho que insistamos con oraciones y rezos a la vida le sacamos; ¡sólo tan sólo bostezos!